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sábado, 3 de agosto de 2013

Eticismo

          Todos los seres vivos y en especial los animales han competido activamente desde el origen de su existencia por propagar sus genes, los humanos seguimos sin ser la excepción, la diferencia radica en que la parte consciente de nuestra mente es capaz de imponerse a casi todos los impulsos e instintos que compartimos con nuestros parientes del reino animal. Algunas personas, evidentemente, tienen más control que otras.

Cuando los humanos comenzaron a dividir las tareas y especializar las actividades, aparecieron también las clases sociales. Es evidente que el primer parámetro de distinción fue la fuerza física, aquellos que podían lastimar a los otros lo harían para mantener su hegemonía. Esto fue cambiando por otro tipo de divisa, pasando por la inteligencia pura hasta llegar a la influencia y poder económico que marca hoy en día quién manda sobre quién.

Durante el comienzo de la aventura social bastaba con caerse a puñetazos para resolver las disputas, pero pasando este punto fue necesario contar con otro tipo de control para mantener funcionando a la comunidad. Cuando por superioridad numérica se percataron que podían moler a golpes hasta al más fuerte fue muy claro que quien quisiera dirigir tendría que contar con el apoyo de la mayoría, cuando esta no era muy clara se dividían los grupos y venía la guerra. Paralelo a estos cambios en la estructura social apareció una idea parásito, de la cual hablaré en otro post; el mundo sobrenatural, donde encontramos todo un atlas de criaturas, entes, fenómenos, espíritus y dioses. Muy pronto este otro mundo, por su naturaleza enigmática, fue capaz de infundir miedo en las personas, y con ello, nació un nuevo mecanismo de control que el grupo en el poder pronto supo aprovechar. La casta religiosa fue a la vez la casta gobernante durante miles de años en prácticamente todo el mundo, esto sucedió incluso con grupos humanos aislados del resto. Así la religión y sus leyes funcionaron bien para mantener el orden de las cosas. Cuando las leyes civiles reemplazan a las divinas, la casta o clase religiosa continua teniendo gran influencia y poder pero de manera indirecta, aunque en algunas partes del mundo en la actualidad aún no se haya dado esa separación.

Por último aparecen los dueños del capital, muchos de ellos emigrando a esta clase desde otros grupos de poder por abolengo. Y aunque el tablero de ajedrez es extenso, las piezas son más sofisticadas y la partida es intrincada, el objetivo de todos los jugadores sigue siendo el mismo; ganarle a los demás y procurar la mejor vida posible a los suyos. ¿No es común ver que exitosos empresarios, artistas o gobernantes dejen fortunas a descendientes ineptos y despreciables que sin lugar a dudas dilapidarán los recursos, sin que el benefactor siquiera considere la idea de no heredárselos? – son mis hijos, ¿a quién más se lo voy a dejar? – es tan común escuchar en cualquier nivel social.

Si sumamos el nepotismo a la ecuación nos podemos dar cuenta de cuán fuerte es aún las presencia de los instintos en nuestra especie, por eso cuando se debate y habla tanto sobre modelos económicos y de gobierno que “solucionen” los problemas de la humanidad, mi reacción es esbozar una leve sonrisa irónica. Pues los problemas sociales a los que se refieren tienen su origen en los instintos e impulsos primitivos de los que les he hablado; sobrevivir, obtener más que los demás, heredar. Ya se les ha amenazado con un castigo después de la muerte, con castigos en vida que van desde penas económicas hasta el perder la libertad o la vida, y siempre hay personas que si ven la oportunidad de sacar ventaja desleal de los demás se arriesgarán a hacerlo, si pueden imponerse a los demás lo harán, y en todo el mundo a todos niveles se siguen utilizando todos los mecanismos que han existido para dominar a otro u otros, incluso si toda la diplomacia falla, el último recurso sigue siendo la violencia física hasta entre las naciones… o especialmente entre ellas.

El socialismo suena muy bien en teoría, pero sus partidarios, defensores y entusiastas cometen un error muy básico y me atrevo a decir que inocente o hasta infantil; no toman en cuenta que seguimos hablando de personas, personas cuyos instintos son igual que el de cualquier otro teniendo en cuenta que serán expuestos a una tentación mucho mayor que al resto de la población, el éxito del socialismo depende de la ética que posea no una persona si no todo el grupo en el poder y lo hemos visto con ejemplos reales, los resultados son un control y represión de la población por un pequeño grupo de individuos privilegiados, justo como el capitalismo que tanto critican pero con una represión exacerbada.

La única opción que veo viable es el Eticismo, entendido como la autogobernabilidad de los individuos, conozco a unas cuantas personas cuyo sentido de la justicia se impone a sus instintos. Paradójicamente no es algo que se pueda forzar en las personas. Por tanto habremos de esperar a ver si este comportamiento se va generalizando en la humanidad, lo cual dudo porque aquí aparece otro problema.

Echando mano de la teoría de la evolución, recordemos que sobrevive el más apto. Por tanto en la actualidad no se reproducen con más frecuencia ni los más inteligentes, ni los más atractivos, ni los más fuertes, y vamos, ni siquiera los más adinerados; ustedes saben quiénes se reproducen más; los pobres, ignorantes, los más manipulables. Sólo hagan números, una pareja profesionista considera tener 3 hijos como algo excesivo, para los campesinos o los arrabaleros urbanos 5 es lo normal. Tanta carne de cañón es un caldo de cultivo para los más abusivos y con menos escrúpulos.

Aquí podrían alegar nuevamente que el socialismo es la solución, y en efecto debemos aceptar que el nivel cultural promedio en un país socialista es más alto en general que el de un país capitalista. Pero eso no quiere decir que el IDH sea mayor porque la felicidad de las personas no depende únicamente de su cultura. Al tener más de esta, evidentemente querrán volar más alto y el socialismo no es un sistema que permita eso, y si alguna nación lo hiciera, sus habitantes más capacitados y productivos abandonarían el país en cuestión de meses.

Fuera del socialismo, aún con las fallas que tienen nuestras sociedades, por lo menos te permiten libertad de movimiento, crecimiento y expresión, te permiten procurarte tus recursos, y nadie te revoca tu solicitud para fundar una empresa sólo porque no eres recomendado de la alta esfera.

Aceptémoslo, el mundo es y seguirá siendo a pesar de los avances tecnológicos un sitio salvaje donde hay que defenderse continuamente, cuidarse y velar por uno mismo mientras decidimos si aplicaremos nuestra ética de forma selectiva o absoluta. ¿Suena desalentador? Quizás para las personas que les cuesta aceptar la realidad, ¿está mal que todo se reduce a tratar de evitar que abusen de nosotros lo mejor que podamos y que se pueden obtener muchos recursos siendo abusivo y sin escrúpulos? Sí, está mal, pero es la realidad, y no nos sirve de nada creer en cuentos de hadas o esperar líderes mesiánicos que nos cuiden como a corderitos, porque eso nunca va a pasar.

La naturaleza humana es la que provoca todo lo que cabe en el concepto que hemos creado nosotros mismos de injusticia, y mientras esa naturaleza no cambie en la mayoría y domine el eticismo en el mundo, lo que podemos hacer es mirar las reglas naturales del juego, decidir qué tipo de jugador queremos ser y disfrutar sin gimoteos lo que hemos elegido a sabiendas de que toda elección tiene recompensas, responsabilidades y consecuencias.

3 comentarios:

  1. Coincido plenamente. Bien dicho.

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  2. Hay otro camino que es la filosofía del amor y que no es religiosa necesariamente, pero los mejores sentimientos emanan del corazón amoroso del ser humano. Cuanto tiempo mas se dilataran las sociedades en aceptar y vivir por esa vía ?

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